Las colecciones de los museos regionales no son solo objetos. Son testimonios de los momentos en que España se hizo a sí misma: la Hispania romana que se volvió visigoda, el al-Ándalus que dejó su huella en la cerámica y el damasquinado, el Siglo de Oro que pintó la luz y la sombra de una época, el Renacimiento que talló la madera como si fuera carne.
Cada pieza ha viajado por excavaciones, iglesias, palacios y mercados. Muchas fueron rescatadas del olvido o de la destrucción. Esta sección cuenta sus historias de procedencia y su conexión con las técnicas que aún se practican.
Seis conjuntos representativos de las colecciones regionales. Cada uno guarda la huella de las culturas que se cruzaron en la Península.
Mosaicos, monedas, joyas y cerámica que narran la transición del mundo romano al reino visigodo. El Tesoro de Guarrazar y los mosaicos de la Villa de Orfeo son piezas clave.
Códices medievales, Beatos del siglo X, Libros de Horas y documentos reales con caligrafía y miniaturas que son obras de arte en sí mismas. Testimonios de la lengua y la liturgia.
Azulejos, yeserías, textiles, armas y elementos arquitectónicos del Reino Nazarí de Granada y la tradición mudéjar que perduró en Teruel, Toledo y Valencia tras la Reconquista.
Las extraordinarias pinturas del siglo XII procedentes de iglesias del Pirineo catalán y aragonés. El Pantocrátor de Sant Climent de Taüll es una de las obras maestras del románico europeo.
Obras de Velázquez, Murillo, Zurbarán, Ribera, El Greco y Alonso Cano. La escuela sevillana y la madrileña en su momento de mayor esplendor, fuera del Prado.
Retablos y esculturas de Alonso Berruguete, Juan de Juni, Gregorio Fernández y otros imagineros. La madera tallada y policromada que definió la espiritualidad visual española de los siglos XVI y XVII.
Cada objeto tiene un recorrido. Estas notas breves explican de dónde vienen y qué significaron en su momento.
Excavaciones de Zaragoza, Tarragona, León y Toledo. El Tesoro de Guarrazar (Guadamur, Toledo) fue hallado en 1858 y devuelto parcialmente a España en 1941. Los mosaicos de la Villa de Orfeo llegaron al museo de Zaragoza en los años 70.
Proceden de monasterios del Pirineo, catedrales de Galicia y archivos reales de Aragón. Muchos fueron salvados durante la desamortización del siglo XIX y la Guerra Civil. El Beato de Liébana se conserva en la Biblioteca Nacional pero copias y fragmentos están en colecciones regionales.
La Alhambra y los palacios nazaríes. Las piezas mudéjares de Teruel y Toledo proceden de iglesias y casas particulares. Muchas yeserías y azulejos fueron desmontados en el siglo XIX para su conservación.
Las pinturas murales fueron arrancadas de iglesias del valle de Boí y otros valles pirenaicos a principios del siglo XX por el Instituto de Estudios Catalanes para evitar su venta o deterioro. Hoy constituyen uno de los conjuntos románicos más importantes de Europa.
Proceden de conventos desamortizados, colecciones particulares y donaciones. El Museo de Bellas Artes de Sevilla recibió gran parte de su fondo del convento de la Merced en 1835. Muchas obras de Zurbarán y Murillo tienen procedencia eclesiástica documentada.
Retablos mayores de iglesias de Valladolid, León, Segovia y Galicia. El Museo Nacional de Escultura de Valladolid se instaló en el Colegio de San Gregorio en 1933. Muchas piezas fueron rescatadas de iglesias en ruinas o de la venta al extranjero.
Las técnicas que se ven en los museos siguen vivas en los talleres. Estas son algunas de las conexiones más claras.
Las piezas de cerámica dorada y los azulejos de la Alhambra muestran el mismo lenguaje decorativo que se sigue usando en los hornos de Manises y Paterna. Los motivos de lazo, la palmeta y el ataurique se transmitieron de generación en generación. Los alfareros actuales reconocen en los fragmentos del siglo XIV los mismos gestos que ellos hacen hoy.
Las esculturas del Museo Nacional de Escultura fueron creadas en los mismos talleres que hoy restauran y crean imaginería nueva. Los maestros actuales usan las mismas gubias, los mismos pigmentos al temple y el mismo pan de oro que emplearon Juan de Juni y Gregorio Fernández. La técnica no se ha interrumpido.
Los tejidos y bordados nazaríes y mudéjares que se conservan en el MNAC y en colecciones aragonesas comparten motivos y técnicas con los mantones y paños que aún se bordan en Lagartera y en talleres de Cataluña. El mismo gusto por el orden geométrico y la repetición rítmica.
Los equipos de restauradores, conservadores y digitalizadores trabajan cada día para que estas piezas sigan siendo legibles para las generaciones que vienen. Muchas colecciones están siendo fotografiadas en alta resolución y puestas a disposición de investigadores de todo el mundo.
En Recursos encontrará los archivos digitales abiertos, las guías de conservación y las rutas de estudio para investigadores y estudiantes.
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